Alianza entre médicos y mujeres para combatir el cáncer de cuello uterino en Putumayo
Una iniciativa pionera entre el Hospital Universitario San Ignacio y la organización Mujeres Tejedoras de Vida ha llegado a Putumayo para combatir el alarmante problema del cáncer de cuello uterino en el departamento. Gracias a la implementación de pruebas de detección del virus del papiloma humano (VPH) y la innovadora técnica de «termo ablación», más de 2.000 mujeres han sido atendidas en la región.
Hace unos años, una paciente ingresó al Hospital Universitario San Ignacio por complicaciones de salud. Durante su estadía, Fátima Muriel, presidenta de Mujeres Tejedoras de Vida, informó a los directivos del hospital sobre la crítica situación de cáncer de cuello uterino en Putumayo. La líder social destacó que muchas mujeres, incluidas jóvenes, fallecían por la falta de acceso a atención médica oportuna.
El doctor Raúl Murillo, director del Centro Javeriano de Oncología del Hospital San Ignacio, corroboró esta realidad alarmante. Putumayo es el segundo departamento con mayor incidencia de esta enfermedad en Colombia, después de La Guajira. Según el Instituto Nacional de Cancerología, 23 de cada 100.000 mujeres en la región padecen cáncer de cuello uterino, una cifra que supera ampliamente el umbral de cuatro por cada 100.000 propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para erradicar la enfermedad.
Tradicionalmente, la citología ha sido el método más utilizado para la detección temprana de lesiones precancerosas, pero presenta barreras de acceso para muchas mujeres en zonas rurales y de difícil acceso. La necesidad de varios desplazamientos a centros de salud y barreras culturales, especialmente en comunidades indígenas, dificultan la realización del examen.
Ante esta problemática, el equipo del Hospital San Ignacio introdujo la prueba de detección del VPH por auto-toma. Con esta técnica, la mujer introduce un dispositivo similar a un hisopo en su vagina y lo gira durante unos segundos, permitiendo la recolección de la muestra sin necesidad de un profesional de la salud. Las pruebas utilizadas por el hospital tienen la ventaja de conservarse en condiciones de hasta 35°C por 15 días, lo que facilita su transporte y almacenamiento.
En 2023, los médicos llevaron cientos de estos dispositivos a Putumayo, donde convocaron a 360 mujeres en Puerto Asís y 600 en Mocoa para la toma de muestras. Gracias al apoyo de Mujeres Tejedoras de Vida, que agrupa 65 organizaciones de mujeres étnicas, afrodescendientes y campesinas, la iniciativa logró un gran alcance. En una segunda fase, en 2024, también se realizaron pruebas en Puerto Leguízamo y en los municipios del Valle Sibundoy, donde hubo una importante participación de la comunidad indígena inga.
Hasta la fecha, 2.113 mujeres han sido beneficiadas, con resultados alarmantes: la prevalencia de VPH de alto riesgo en Putumayo oscila entre el 19% y el 27%, el doble de lo registrado en Bogotá.
Tratamientos con termoablación: eliminando barreras
El impacto de la iniciativa no se limitó a la detección. Dos semanas después de la toma de muestras, los médicos regresaron para realizar valoraciones ginecológicas a quienes obtuvieron un resultado positivo. A diferencia del proceso habitual, que implica numerosos trámites y desplazamientos, el equipo implementó una solución inmediata para tratar lesiones precancerosas: la «termo ablación».
A diferencia de la conización tradicional, que requiere una cirugía en quirófano, la termo ablación consiste en cauterizar las lesiones con un dispositivo portátil que emite calor. Este método ha demostrado ser igual de efectivo que la crioterapia, pero sin la necesidad de transportar grandes tanques de gas, lo que lo hace ideal para zonas remotas.
Además de los tratamientos, el equipo de salud capacitó al personal médico local en estas nuevas tecnologías, con el objetivo de garantizar la sostenibilidad del proyecto en el tiempo.
El esfuerzo conjunto entre el Hospital San Ignacio y Mujeres Tejedoras de Vida ha marcado un hito en la prevención del cáncer de cuello uterino en Putumayo. Sin embargo, Murillo enfatiza que este es solo el comienzo: «Queremos aprender de esta experiencia y ajustar estrategias para futuras intervenciones. Si conseguimos recursos adicionales, podríamos seguir ampliando la cobertura y ayudar a muchas más mujeres».
Con este tipo de iniciativas, se están cerrando brechas en la atención médica y se están salvando vidas. La esperanza está en la prevención, y Putumayo está dando un gran paso hacia un futuro libre de cáncer de cuello uterino.



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