Grasa visceral: un enemigo silencioso que multiplica el riesgo de infarto y ACV
Una nueva investigación publicada el 17 de octubre en Communications Medicine indica que la acumulación de grasa hepática y visceral, es decir, aquella que se encuentra dentro del abdomen alrededor de los órganos, está vinculada con un mayor riesgo de endurecimiento y obstrucción arterial, lo que incrementa las posibilidades de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (ACV).
¿Por qué preocupa la grasa que no se ve?
Los depósitos de grasa visceral pueden hallarse aún cuando el índice de masa corporal (IMC) se encuentra dentro de los rangos considerados normales. Según la doctora Sonia Anand, investigadora principal del estudio,
“Este tipo de grasa es metabólicamente activa y peligrosa… está relacionada con la inflamación y el daño arterial incluso en personas que no tienen sobrepeso visible”.
La investigación, que abarcó más de 33.000 adultos, determinó que tanto la grasa alrededor de los órganos como la acumulación hepática se asocian con un mayor daño arterial y riesgo cardiovascular.
Implicaciones para la prevención cardiovascular
- Este hallazgo invita a replantear los criterios tradicionales de obesidad como única forma de evaluar riesgo cardiovascular, pues la presencia de grasa visceral puede pasar desapercibida.
- Se destaca la urgencia de ampliar las evaluaciones clínicas incluyendo métodos que puedan detectar grasa visceral o hepática, especialmente en personas con signos de riesgo (como hipertensión, diabetes o colesterol alto) aunque tengan peso normal.
- Cambios en el estilo de vida, como alimentación saludable, ejercicio aeróbico, reducción de alcohol y tabaco, adquieren un nuevo nivel de importancia para reducir depósitos de grasa interna y proteger el corazón y el cerebro.
La grasa que no se ve también puede matar. El sistema de salud y los profesionales deben comunicar que el peligro cardiovascular no solo está en el sobrepeso visible, sino también en la acumulación interna de grasa que desafía las medidas convencionales. Detectarlo a tiempo es esencial para evitar infartos y ACV.
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