RECUPERAR EL RUMBO DE COLOMBIA, MISIÓN DE TODOS.

Colombia vive una encrucijada histórica. No es solo una crisis de gobierno, sino una profunda pérdida de dirección, confianza y propósito nacional. Las señales son evidentes: una economía que se desacelera, un Estado que no responde y una inseguridad que avanza sin control y una sociedad cada vez más desencantada.

Mientras tanto, el liderazgo político se dispersa en debates estériles, y los ciudadanos se sienten abandonados a su suerte, esperando que alguien les devuelva una razón para creer.

Frente a este panorama se impone una reflexión inevitable: ha llegado la hora de la unión. No una unión retórica ni de intereses electorales, sino una unidad real, cimentada en la institucionalidad, la sensatez y el respeto por la democracia. Porque, aunque algunos aún no lo quieran reconocer, Colombia no saldrá adelante si seguimos actuando cada uno por su lado.

Los momentos difíciles no se superan con discursos, sino con carácter. Y este es uno de esos momentos en que se necesita liderazgo con visión, experiencia y serenidad. La polarización le ha hecho un daño profundo al país, al punto de que ya no debatimos ideas, sino identidades; ya no contrastamos propuestas, sino etiquetas. Y en medio de ese ruido, se ha ido apagando la voz de la sensatez.

El país necesita que esa voz vuelva a escucharse con fuerza. Necesita que quienes creemos en el valor del Estado Social de derecho, en la justicia como equilibrio y no como revancha, y en la economía como motor del progreso social, nos reconozcamos entre nosotros y trabajemos juntos.

Esa unión no debe tener apellidos ni colores. Debe construirse sobre principios, la defensa de la libertad, el respeto por la ley, la búsqueda de equidad y la recuperación del orden y la confianza. Colombia tiene reservas morales, intelectuales y humanas suficientes para salir adelante. Lo que ha faltado es voluntad política, y esa es precisamente la que debemos recuperar.

En los próximos meses, el país enfrentará decisiones cruciales. No solo se definirá un mapa electoral, sino el rumbo que tomará la nación durante la próxima década. Serán meses de definiciones, de diálogo, de acercamientos, de acuerdos. Y es ahí donde los líderes tenemos la obligación de estar a la altura de las circunstancias. No se puede seguir mirando el país desde la comodidad de la crítica, sino desde la responsabilidad de la construcción.

He insistido en que la oposición tiene el deber de ofrecer una alternativa de país, no solo un rechazo al gobierno de turno. La verdadera oposición es la que propone, la que escucha, la que tiende puentes y no los dinamita. La que defiende las instituciones, incluso cuando no gobierna. La que entiende que el destino de Colombia está por encima de cualquier cálculo político.

La unión de las fuerzas democráticas debe ser el punto de partida de una nueva etapa. Y en ese propósito, estoy dispuesto a aportar toda mi experiencia, mi conocimiento del Estado y mi compromiso con Colombia. Porque este no es el momento de la indiferencia, sino del liderazgo. 

El país clama por una ruta clara, por una voz que oriente y por una esperanza que una. Y eso solo será posible si quienes creemos en la institucionalidad y en el valor de la democracia nos unimos con un propósito superior, recuperar el rumbo de Colombia.

Por Wilson Ruiz Orejuela.

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