El espejismo del «crecimiento» colombiano
Domingo, 23 de Noviembre de 2025.
Por Mateo Arjona, Economista y Consultor en Marketing Estratégico
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El Gobierno salió a celebrar que la economía colombiana creció 3,6% en el tercer trimestre, el mayor registro en tres años. Sin embargo, cuando se examina de dónde proviene ese aumento, la narrativa triunfalista se derrumba: lo que se presenta como “recuperación” es, en realidad, un crecimiento artificial impulsado por el gasto estatal, no por el dinamismo del sector productivo.
Los datos lo revelan con claridad. El sector de administración pública, defensa, educación, salud y servicios sociales creció un 8%, aportando cerca de 1,3 puntos porcentuales del total del crecimiento. Es decir, más de un tercio del PIB trimestral provino directamente del Estado gastando un 14,2% más.
Incluso sectores como comercio, transporte, alojamiento y restaurantes, que crecieron 5,6% y aportaron alrededor de 1,2 puntos porcentuales, dependen en gran medida del impulso del consumo financiado por ese mismo gasto estatal. Las manufacturas, con un crecimiento de 4,1% y un aporte estimado de 0,5 puntos porcentuales, muestran una recuperación leve, pero insuficiente para sostener un cambio de tendencia.
El dato más revelador es que, según estimaciones sectoriales, sin el incremento del gasto público el crecimiento habría sido apenas del 1,8%, es decir, la mitad del resultado oficial. En otras palabras: sin la inyección de recursos estatales —financiados con impuestos, deuda y expansión burocrática— la economía colombiana estaría prácticamente estancada.
Desde la perspectiva de la escuela austriaca, este escenario no solo es preocupante: es una señal inequívoca de fragilidad económica. Para Mises y Hayek, el crecimiento auténtico surge de la asignación libre de recursos en el mercado, guiada por precios reales, ahorro y capitalización. Cuando el Estado sustituye al empresario y se convierte en el principal motor del gasto, lo que ocurre no es creación de riqueza, sino una redistribución coercitiva que distorsiona precios, desalienta la inversión privada y deteriora la productividad.
El Gobierno está construyendo un modelo donde el Estado consume y el sector privado financia, pero sin capacidad de reinversión. El resultado es un espejismo estadístico: la economía parece crecer, pero lo hace sobre una base frágil y dependiente. El aumento del gasto público no genera capital productivo sostenible; alimenta nóminas, subsidios y expansión burocrática, elementos que la teoría austriaca considera improductivos y contraproducentes para el desarrollo de largo plazo.
Mientras tanto, la inversión privada permanece débil, las exportaciones crecen apenas 2,2% frente al 10% de las importaciones, y la productividad no mejora. Este modelo no puede sostenerse sin aumentar impuestos, endeudarse más o sacrificar estabilidad macroeconómica.
Colombia no necesita más gasto estatal para inflar cifras trimestrales. Necesita condiciones reales para producir, innovar y exportar. Por eso, el próximo Presidente deberá enfocarse en medidas como reducción del tamaño del Estado, flexibilización laboral, incentivos a la empresa privada, reactivación minero-energética, infraestructura competitiva y desarrollo del ecosistema digital y financiero.
Solo así Colombia podrá dejar atrás el espejismo y construir un crecimiento sólido, sostenible y verdaderamente productivo.
– Mateo Arjona, Economista



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