Expertos en salud advierten sobre cuatro virus con potencial pandémico
Un nuevo informe de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido enciende las alarmas ante la amenaza de patógenos altamente peligrosos que podrían desencadenar una próxima pandemia, incluso más difícil de controlar que la del coronavirus.
La comunidad científica internacional está en máxima alerta. Un estudio reciente de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA, por sus siglas en inglés) ha identificado a cuatro virus como potenciales causantes de una futura pandemia de escala global. Esta advertencia se enmarca dentro del concepto de la “Enfermedad X”, un término adoptado por la Organización Mundial de la Salud para referirse a una patología aún desconocida que podría desatar una nueva emergencia sanitaria global.
El informe, respaldado por investigaciones realizadas en suelo británico, detalla que actualmente circulan al menos 24 virus con alto nivel de peligrosidad. De ellos, cuatro en particular destacan por su capacidad de propagación, letalidad y dificultad de contención, incluso bajo confinamientos severos como los vividos durante la crisis por COVID-19.
Uno de los virus más preocupantes es un patógeno similar al sarampión, perteneciente a la familia Paramyxoviridae. De acuerdo con Mark Woolhouse, profesor de enfermedades infecciosas de la Universidad de Edimburgo, este virus representa una amenaza aún más grave que el COVID-19. “Si llegara a mutar o expandirse, podría ser mucho más difícil de controlar, incluso con medidas extremas de aislamiento”, afirmó.
La gravedad de este tipo de virus radica en su capacidad de afectar el sistema inmunológico de forma permanente. Un estudio previo de la Escuela de Medicina de Harvard demostró que el sarampión puede eliminar hasta el 75% de los anticuerpos protectores del cuerpo, dejando a las personas vulnerables ante otras enfermedades. Esto convierte a un virus similar en un riesgo doble: por un lado, su capacidad de infección; y por otro, su potencial para debilitar las defensas del organismo frente a otros patógenos.
Además, la situación se agrava debido al descenso en las tasas de vacunación contra el sarampión a nivel global, lo cual ha generado un preocupante aumento en los casos reportados. Las consecuencias del sarampión van desde neumonía e infecciones oculares hasta daños cerebrales severos.
Otro de los virus que ha captado la atención de los expertos proviene de la familia Picornaviridae, responsable de enfermedades similares a la polio. En particular, la mielitis flácida aguda (MFA) ha generado alarma tras la muerte de un adolescente de 15 años en Rochdale, al noreste de Inglaterra, a comienzos de este año. Esta enfermedad ataca el sistema nervioso, provocando debilidad muscular extrema y parálisis, y podría expandirse rápidamente si no se toman medidas preventivas.
El virus Nipah: el salto entre especies
También bajo el radar de las autoridades sanitarias se encuentra el virus Nipah, un patógeno zoonótico —es decir, transmitido de animales a humanos— con capacidad para generar inflamación cerebral severa. El Nipah, que puede contagiarse a través de murciélagos o cerdos, pertenece igualmente a la familia Paramyxoviridae y ha sido motivo de estudio por su potencial para causar epidemias con altas tasas de mortalidad y una limitada capacidad de respuesta médica.
Aunque el COVID-19 y el MERS ya son conocidos por la población mundial, la UKHSA recuerda que continúan siendo amenazas activas. Estos virus, pertenecientes a la familia del coronavirus, han provocado cientos de muertes en Oriente Medio y siguen representando un riesgo ante eventuales mutaciones. A esto se suma la gripe aviar, que sigue registrando casos esporádicos de contagio humano, especialmente entre trabajadores agrícolas y personas que han tenido contacto directo con aves silvestres infectadas.
La advertencia de la UKHSA ha llevado al gobierno británico a emitir un documento oficial con actualizaciones periódicas para mantener a científicos, investigadores y autoridades sanitarias al tanto de la evolución de estas amenazas. El objetivo es fortalecer la vigilancia epidemiológica, promover la investigación de nuevas vacunas y preparar estrategias de contención ante una posible nueva crisis de salud pública.
El mensaje de los expertos es claro: aunque la pandemia del COVID-19 parezca haber quedado atrás, el mundo no debe bajar la guardia. Las lecciones aprendidas deben servir como base para construir sistemas de respuesta más ágiles, colaborativos y proactivos frente a lo que podría ser la próxima gran amenaza global. La preparación no es opcional; es una necesidad urgente.



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