El rastro que podría revelar el destino de Merari en el rancho del horror en Jalisco

Una mochila, unos tenis, una maleta y una biblia gris. Objetos comunes para cualquiera, pero desgarradores indicios para Rubí, quien lleva casi un año buscando a su familiar Merari Noemí García Mejía, desaparecida en Guadalajara, Jalisco, en abril de 2024. El hallazgo de estos artículos en el rancho Izaguirre, señalado por colectivos como «campo de exterminio», avivó el temor más profundo de su familia: que Merari estuvo ahí.

Rubí se topó con una transmisión en vivo del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco el pasado 5 de marzo. En el video, se documentaban los restos humanos, objetos personales y prendas encontradas en el rancho Izaguirre, un lugar actualmente investigado por las autoridades mexicanas por ser posible escenario de múltiples homicidios. Aunque al principio intentó convencerse de que los objetos eran coincidencias, algo cambió cuando vio una biblia elegante, de pasta gris, junto a un altar de San Judas.

“Era como la que su mamá le había regalado. Ahí sentí que eran demasiadas coincidencias. Fue una señal muy dura, sentí que ella estuvo ahí”, cuenta Rubí, quien prefirió no revelar su nombre completo por razones de seguridad.

Según relató, en abril del año pasado Merari, de 19 años y madre de un bebé, había recibido un mensaje por Facebook con una oferta de trabajo tentadora: 6.000 pesos semanales, hospedaje incluido y clases de defensa personal. Aunque a Rubí le pareció sospechoso “¿qué trabajo te ofrece clases de defensa personal?” Merari necesitaba el dinero tras separarse de su pareja por violencia familiar.

Días después, Merari desapareció. No recogió a su hijo como acostumbraba y no volvió a comunicarse. La familia presentó la denuncia en la Fiscalía de Jalisco, el estado con más personas desaparecidas en México más de 15.000, según cifras oficiales de la Comisión Nacional de Búsqueda hasta el 28 de marzo de 2025.

Las autoridades solo lograron rastrear una última llamada y la ubicación del teléfono de Merari en la nueva central de Guadalajara. Luego, silencio.

El hallazgo en el rancho reabrió las heridas. Al reconocer los objetos, Rubí y su madre acudieron de nuevo a la Fiscalía, donde les dijeron que debían esperar a que se publicara un álbum de imágenes con las pertenencias halladas, ya que “todo es evidencia”. También les explicaron que los restos óseos encontrados no podrían analizarse con pruebas de ADN, ya que fueron expuestos a altas temperaturas y calcinados.

Rubí y su familia se aferran ahora a pequeños indicios, en medio del dolor, la incertidumbre y el vacío que dejó Merari. Cuidan al hijo de la joven, protegen a una hermana menor con una verdad disfrazada de esperanza y buscan consuelo en la terapia que les ofreció la Fiscalía.

“El dolor de una desaparición no se compara con nada. Nadie debería vivir esto”, concluye Rubí, quien sigue esperando respuestas, mientras el recuerdo de Merari parece gritar desde un rancho silencioso lleno de evidencias que aún no hablan.

Foto: ULISES RUIZ/AFP/AFP via Getty Images

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