La revocatoria de la visa a Petro sacude la política colombiana en plena antesala electoral

La decisión de Estados Unidos de retirarle la visa al presidente Gustavo Petro desató un nuevo capítulo de tensión diplomática y abrió un debate interno sobre sus posibles efectos políticos de cara a las elecciones de 2026.

El Departamento de Estado justificó la medida señalando que el mandatario colombiano, durante su participación en una manifestación propalestina en Nueva York, “incitó a los soldados estadounidenses a desobedecer órdenes e incitar a la violencia”.

Petro respondió de inmediato al regresar a Colombia, afirmando que la sanción fue consecuencia de sus llamados a frenar lo que calificó como un “genocidio en Gaza”. “Lo que hace el gobierno de EE. UU. rompe todas las normas de inmunidad de las Naciones Unidas. No pueden condicionar la opinión de un presidente elegido por su pueblo”, aseguró en su cuenta de X.

Tensiones diplomáticas y críticas internas

La presidenta de la Cámara Colombo Americana, María Claudia Lacouture, sostuvo que el error de Petro fue “llamar a la insubordinación militar en suelo estadounidense”, lo que, según dijo, constituye una intromisión en asuntos internos. Aunque la medida no rompe relaciones, sí “aumenta la tensión en una relación ya compleja”.

El exembajador en Washington, Gabriel Silva Luján, fue más duro: “Petro quería que le quitaran la visa para convertirse en víctima del imperio. Con esa vanidad pone en riesgo a millones de colombianos cuyo sustento depende de la relación con EE. UU.”.

Entre la diplomacia y el cálculo político

El presidente colombiano insistió en que sus opiniones en la ONU están protegidas por el derecho internacional y que su postura frente a Palestina es un imperativo moral. Sin embargo, dentro del país sus opositores ven un uso electoral de la coyuntura.

Sergio Fajardo, precandidato presidencial, ironizó: “¡Por fin lo logró! Ya no tiene visa de Estados Unidos… ahora saldrá a hacer política como la víctima que siempre quiso ser”. En la misma línea, Juan Daniel Oviedo advirtió que “la diplomacia no se construye con provocaciones, sino con coherencia y resultados”.

La controversia recuerda el episodio de 1996, cuando Washington revocó el visado del entonces presidente Ernesto Samper por el escándalo del proceso 8.000. Hoy, en vísperas del año electoral, la medida contra Petro se convierte en un factor clave en el debate político colombiano.

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