A un año de finalizar el gobierno Petro, aumentan los frentes armados y la crisis humanitaria

A un año del cierre del mandato de Gustavo Petro, el principal proyecto de su agenda —la denominada “paz total”— atraviesa su peor momento. Con frentes armados en expansión, diálogos suspendidos y una crisis humanitaria sin precedentes en la última década, el buque insignia del Gobierno hace agua en medio del conflicto.

Lanzada como una apuesta integral para negociar con guerrillas, disidencias y bandas criminales, la paz total prometía transformar el modelo de pacificación del país. Sin embargo, el panorama actual evidencia lo contrario: la violencia se intensifica y las organizaciones ilegales se fortalecen.

La mayor promesa del Ejecutivo —el diálogo con el ELN— se encuentra congelada desde hace más de un año. Esta guerrilla, la más antigua de América Latina, rompió los acuerdos de negociación tras enfrentamientos con el Frente 33 de las disidencias de las Farc en el Catatumbo, que dejaron cerca de un centenar de muertos y más de 60.000 personas desplazadas.

Desde entonces, el Gobierno ha logrado pocos avances tangibles. Entre ellos, la entrega de armas por parte de los Comuneros del Sur (una disidencia del ELN en Nariño) y acuerdos de cese de violencia con bandas criminales en Medellín y Buenaventura. Sin embargo, en términos generales, ninguna estructura armada relevante se ha desmovilizado en tres años de gobierno.

Crisis humanitaria y descontrol territorial

Las cifras del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) refuerzan el diagnóstico de fracaso. Entre enero y mayo de 2025, más de 524 personas resultaron heridas o murieron por artefactos explosivos, un aumento del 145 % frente al mismo periodo del año anterior. El confinamiento también creció un 169 %, afectando a 85.760 personas en 13 departamentos del país. En cuanto a desplazamientos forzados, el incremento fue del 117 %, con más de 58.000 víctimas.

“El deterioro de la seguridad es innegable”, advirtió recientemente el expresidente César Gaviria, quien criticó la falta de estrategia del Ejecutivo. “Lejos de consolidar una política coherente, el Gobierno ha sido ambiguo, desarticulado y desconectado de las realidades territoriales”, afirmó el líder del Partido Liberal.

Un buque insignia sin timón

En su discurso del 20 de julio ante el Congreso, Petro reconoció las dificultades: “Obviamente, este Gobierno no ha logrado la paz total”. No obstante, ha insistido en mantener el rumbo, responsabilizando al contexto internacional y a la “falta de voluntad” de algunos grupos.

Iván Cepeda, senador y negociador con el ELN, sostiene que las dinámicas del conflicto actual son más complejas: “Las guerras hoy son más descompuestas, agresivas y menos propensas al diálogo”. Sin embargo, también señala que abandonar el esfuerzo sería un error: “Hay que pensar dónde han estado los problemas, pero no acabar con los esfuerzos de paz”.

Con disidencias como el Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF) y la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB) aún en diálogos, el Gobierno busca sostener el proyecto hasta el último día de mandato. No obstante, el distanciamiento del Estado Mayor Central, liderado por alias “Iván Mordisco”, —el criminal más buscado del país— representa un vacío clave en el proceso.

A pesar del discurso del Ejecutivo, la realidad territorial, las cifras y las fracturas dentro del proceso muestran que el proyecto estrella de Gustavo Petro se desinfla, mientras la violencia se rearma en los territorios. La paz total, al parecer, terminó siendo una promesa sin desenlace.

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