Nuevos ataques en Gaza dejan cinco muertos en Jan Yunis
En las últimas horas he seguido con preocupación los reportes que llegan desde el sur de la Franja de Gaza, donde nuevos ataques israelíes han vuelto a dejar víctimas mortales.
Según confirmaron fuentes médicas y la Defensa Civil del enclave, al menos cinco personas murieron tras la reanudación de los bombardeos. A pesar de que este tipo de noticias se han vuelto tristemente frecuentes, cada cifra representa una vida perdida y una familia devastada, y por eso me resulta imposible permanecer indiferente.
Durante la madrugada del jueves 20 de noviembre de 2025, tres palestinos murieron y otras quince personas resultaron heridas cuando un edificio residencial ubicado en la zona de Bani Suheila, al este de Jan Yunis, fue alcanzado por un bombardeo israelí. Imaginar a familias enteras sorprendidas por el ataque en plena noche, sin posibilidad de resguardarse, me genera una profunda sensación de angustia. Lo que debería ser un espacio seguro el propio hogar se convierte nuevamente en un lugar vulnerable.
Horas más tarde, también en el sur de Gaza, dos gazatíes perdieron la vida en ataques separados en la zona de Abasan al Kabira, igualmente al este de Jan Yunis. El Hospital Naser, que informó sobre estas muertes, no da abasto para atender a los heridos mientras lidia con la constante falta de suministros y el colapso de su infraestructura.
Estos incidentes se producen justo un día después de que el Ejército israelí llevara a cabo bombardeos que dejaron al menos 32 muertos, entre ellos 12 niños y 8 mujeres. Israel justificó la ofensiva alegando que milicianos habían abierto fuego contra sus tropas en Jan Yunis, aunque sin causar heridos. Por su parte, Hamás negó su participación en ese ataque. No obstante, la población civil es nuevamente la que paga el precio más alto.
Como observador de este conflicto, no puedo evitar reflexionar sobre el sufrimiento acumulado y la aparente ausencia de un horizonte de calma. Cada nuevo ataque, cada víctima y cada familia desplazada profundizan una herida que ya lleva décadas abierta. Con cada informe que aparece en los medios, confirmo la necesidad urgente de un alto el fuego sostenido y de un compromiso real con la protección de civiles. Gaza continúa atrapada entre el fuego cruzado y, mientras no haya una solución política sólida, seguirá cargando con un dolor que parece interminable.
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