Miguel Uribe Turbay: el hombre que soñó con devolverle la seguridad a Colombia y fue silenciado por la violencia
Su vida estuvo marcada por la tragedia: perdió a su madre a manos del narcotráfico y ahora su hijo crece sin padre, víctima de la inseguridad que él combatía.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay no solo deja un vacío en el Senado de la República y en la contienda presidencial, sino que expone una de las ironías más dolorosas de la política colombiana: un hombre que hizo de la seguridad su bandera terminó siendo silenciado por la misma violencia que prometía combatir.
Su historia personal estaba profundamente ligada a esta causa. Tenía apenas cinco años cuando su madre, la periodista Diana Turbay, fue asesinada durante un operativo fallido de rescate tras haber sido secuestrada por orden de Pablo Escobar. Creció marcado por la ausencia y con la convicción de que la violencia no podía seguir arrebatando vidas y familias en Colombia.
De la tragedia personal a la lucha política
Abogado de profesión, con una maestría en Políticas Públicas, inició su recorrido apoyando campañas de figuras como David Luna, Juan Manuel Galán y Simón Gaviria. En 2012, decidió dar su propio paso y llegó al Concejo de Bogotá. Cuatro años más tarde, Enrique Peñalosa lo nombró secretario de Gobierno, convirtiéndose, con apenas 30 años, en el más joven en ocupar ese cargo en la historia de la capital.
En 2022 encabezó la lista al Senado por el Centro Democrático, convirtiéndose en el congresista más votado, con 226.922 sufragios. Desde allí lideró un control político incisivo y promovió iniciativas como la reducción del IVA, la sostenibilidad del sistema de salud, la vacunación gratuita para el personal médico y la prevención del acoso sexual digital.
Pero su gran bandera fue siempre la misma: recuperar la seguridad. En su discurso, insistía en que sin seguridad no hay inversión, empleo, educación ni justicia social. Esa causa se convirtió en el eje de su precandidatura presidencial para 2026.
La paradoja de su final
El 7 de junio de 2025, en un acto público en Fontibón, fue víctima de un ataque armado perpetrado por un joven de 14 años. Pasó más de dos meses en estado crítico hasta que, el 11 de agosto, la noticia de su muerte estremeció al país. Así, la misma inseguridad contra la que luchaba terminó arrebatándole la vida.
El niño que creció sin su madre por culpa del narcotráfico deja ahora un hijo que crecerá sin su padre, también víctima de la violencia. La historia se repite y el legado que construyó queda como un recordatorio incómodo para Colombia: que la seguridad sigue siendo una deuda pendiente y que la violencia no distingue banderas políticas ni colores partidistas.
Miguel Uribe Turbay será recordado como un opositor férreo, un legislador productivo y un político que, pese a las divisiones, buscó devolverle a Colombia lo que la violencia le arrebató desde niño: la paz y la tranquilidad de vivir sin miedo.
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