Miguel Uribe, otra voz silenciada por las balas

Colombia vuelve a enfrentar una noticia que hiere su memoria colectiva y sacude su presente político. Miguel Uribe fue asesinado en un ataque directo que, según las primeras investigaciones, habría sido planeado con precisión. Las imágenes de la escena y los relatos de testigos evocan, con dolorosa similitud, otros episodios de la historia reciente en los que la política colombiana quedó marcada por la sangre.

El crimen, perpetrado a plena luz del día, trae de vuelta el recuerdo de magnicidios que definieron épocas enteras. Luis Carlos Galán, en 1989, cayó bajo una lluvia de disparos mientras pronunciaba un discurso de campaña en Soacha, a solo metros de cientos de seguidores. Álvaro Gómez Hurtado, líder conservador y ex candidato presidencial, fue asesinado en 1995 a las puertas de la Universidad Sergio Arboleda, en un ataque que aún genera dudas y sospechas. Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia, fue acribillado el 30 de abril de 1984 en Bogotá, en un hecho que conmocionó al país y dejó una herida que nunca cerró.

Todos ellos, al igual que Miguel Uribe, fueron víctimas de un mismo patrón: atentados directos, calculados y ejecutados para silenciar voces que representaban cambios o cuestionaban estructuras de poder. Crímenes que, más allá de acabar con una vida, buscaban frenar movimientos y silenciar discursos que generaban incomodidad.

La historia parece repetirse con una puntualidad que asusta. Tres décadas después del asesinato de Galán, Colombia sigue siendo un país donde la política, lejos de ser un escenario protegido, se convierte en un riesgo mortal. Pese a los avances democráticos y los llamados a la no violencia, los líderes continúan expuestos a amenazas que se materializan con trágica frecuencia.

Con la muerte de Miguel Uribe, la nación revive viejas heridas y se ve obligada a formular, una vez más, la pregunta que nunca ha tenido respuesta: ¿cuándo dejarán de matar a quienes piensan diferente? Mientras tanto, la democracia queda de nuevo herida, y el miedo intenta imponerse sobre la palabra y las ideas.

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