La mafia de piques ilegales que se tomó Bogotá

El fenómeno de los piques ilegales en Bogotá dejó de ser una simple molestia nocturna para convertirse en una estructura criminal organizada que opera con jerarquías, rutas fijas, horarios definidos, segundas líneas, promotores, clubes clandestinos y un circuito económico que supera por mucho la apariencia de informalidad que proyecta.

Desde hace meses, esta red inspirada en una estética tipo “Rápido y Furioso” se ha tomado varias vías de la ciudad, alterando el orden público y comprometiendo la seguridad de miles de ciudadanos.

Las autoridades comenzaron a dimensionar el problema a partir de las 4.200 llamadas al 123 registradas solo este año. Aunque muchos reportes llegaban con información incompleta, las zonas denunciadas se repetían con precisión: La Candelaria, la Circunvalar, la Macarena, el deprimido de la 26, la zona del Parque de los Artesanos, Engativá, sectores cercanos al aeropuerto, la avenida Mutis y, en el norte, la autopista en la 170, la 183 y la carrera novena entre la 153 y la 159. Todas vías con morfologías favorables para desplegar caravanas de hasta 300 motociclistas.

El seguimiento permitió identificar un núcleo duro de corredores que rara vez se exponían al frente. Se movían protegidos por otros vehículos, utilizaban drones y cámaras de alta gama, y alimentaban redes sociales donde las maniobras peligrosas, los carros sin placas, las motos modificadas y hasta la exhibición de mujeres hacían parte del espectáculo. También se detectaron apuestas ilegales que superaban los tres o cuatro millones de pesos por carrera, así como rifas de vehículos y consumos de alcohol y drogas.

Figuras como el corredor conocido como Biker 979 se convirtieron en protagonistas. Su crecimiento económico y digital fue meteórico: pasó de 10.000 a más de 80.000 seguidores en pocos meses y multiplicó la cantidad de motos de alta gama bajo su nombre. Otros líderes, cuyas identidades se reservan por seguridad, registraron patrimonios que aumentaron de unos pocos millones a más de 1.400 millones de pesos, sostenidos por talleres, balnearios y predios adquiridos recientemente.

La respuesta institucional también escaló. Más de 700 operativos han permitido inmovilizar motos, intervenir talleres, desarticular clubes y reducir las convocatorias hasta en un 90 % en momentos críticos. Sin embargo, la confrontación ha sido violenta: amenazas, agresiones, bloqueos anunciados y presiones sobre la movilidad urbana demuestran que la mafia de los piques es hoy una de las caras más complejas del crimen urbano en Bogotá.

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