La compra de Alaska: el negocio que cambió la historia de EE.UU.

En la época de 1867, más exactamente el 18 de octubre, el Gobierno de los Estados Unidos mostró al mundo que su bandera sería el nuevo comienzo para Sitka, en Alaska.

En ese momento, el secretario de Estado William Seward consiguió una negociación con el zar Alejandro II de Rusia para la compra del vasto territorio por 7,2 millones de dólares, lo que, al valor de hoy, es un aproximado de más de 150 millones. En su momento, la compra fue denominada como un acto de inversión que era una “locura de Seward”, ya que se creía que Alaska era una tierra inhóspita sin valor económico.

Con el transcurrir del tiempo, esta adquisición ha demostrado lo contrario, ya que añadió una extensión de 1,5 millones de kilómetros cuadrados al país, dotándolo de enormes reservas de oro, petróleo y gas natural. A finales del siglo XIX, la fiebre del oro atrajo a miles de buscadores y, en el siglo XX, los descubrimientos petroleros impulsaron la economía del estado, que hoy produce un PIB de 70.000 millones de dólares anuales.

Más allá de su riqueza, Alaska posee un valor estratégico incalculable. Ubicada a tan solo 80 km de Rusia, se convirtió durante la Guerra Fría en un puesto militar clave para EE. UU. Actualmente, alberga la base conjunta Elmendorf-Richardson, punto neurálgico para operaciones en el Ártico.

El impacto de esta compra resuena hasta hoy, no solo por sus beneficios económicos y militares, sino también por su relevancia diplomática. Este 2025, Alaska vuelve a ser escenario internacional con la cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Anchorage, en busca de un acuerdo para poner fin a la guerra en Ucrania.

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