Frustran ingreso de atacantes suicidas en cuartel de Pakistán
El ataque suicida registrado este lunes 24 de noviembre de 2025 en Peshawar vuelve a poner en evidencia el deterioro de la seguridad en Pakistán, especialmente en las zonas fronterizas con Afganistán.
Según las autoridades, un atacante se inmoló en la entrada principal del cuartel de la Federal Constabulary (FC), una fuerza paramilitar clave para la seguridad interna. Para mí, este hecho refleja la creciente capacidad ofensiva de los talibanes paquistaníes (TTP) y la vulnerabilidad persistente del país ante grupos extremistas.
El ataque ocurrió alrededor de las 8:00 a.m., cuando un hombre armado con explosivos detonó su carga en la puerta del complejo militar. Otros dos atacantes intentaron irrumpir en las instalaciones, pero fueron abatidos gracias a la respuesta inmediata de los agentes en el cuartel. A pesar del control rápido de la situación, tres miembros de la FC murieron y dos resultaron heridos, lo que evidencia el impacto humano de estas operaciones terroristas.
Las autoridades describieron a los agresores como miembros de Fitna Al Khwarij, denominación con la que el Gobierno paquistaní identifica al TTP, a quienes considera grupos que han “abandonado el islam”. También señalaron que estos militantes operarían con presunto apoyo de India, una acusación recurrente en el discurso oficial de Islamabad. Aunque esta narrativa es polémica, muestra el nivel de tensión geopolítica que rodea la crisis de seguridad en la región.
El ataque ocurrió en Saddar Road, una de las calles más transitadas de Peshawar, rodeada de talleres, comercios y el reconocido Deans Trade Center. Esto demuestra que, además del objetivo militar, el atentado buscaba generar alto impacto psicológico y urbano en la población.
El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, condenó enérgicamente el ataque y destacó que las fuerzas de seguridad “frustraron un complot terrorista de grandes dimensiones”. Para él, y para muchos observadores, la rápida reacción evitó que el atentado se convirtiera en una tragedia aún mayor.
Pakistán enfrenta un repunte de ataques militantes desde que el TTP rompió el alto el fuego en 2022, incrementando acciones contra la policía, el Ejército y organismos civiles. Islamabad acusa al gobierno talibán afgano de permitir refugios seguros a los insurgentes, mientras que Kabul sostiene que Pakistán intenta desviar la atención de sus propios problemas internos.
En conclusión, este ataque evidencia una vez más que la lucha contra el extremismo en la región está lejos de resolverse y que la seguridad fronteriza sigue siendo un desafío crítico para la estabilidad de Pakistán.
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