Datos curiosos: detalles y tradiciones tras el funeral del Papa Francisco
El papa Francisco, conocido por su estilo humilde y su cercanía con los fieles, dejó claro en vida que deseaba un funeral sencillo y sin ostentaciones. En línea con su vocación de simplicidad, meses antes de su fallecimiento, el pontífice aprobó un protocolo simplificado para su funeral, con el objetivo de reflejar la fe cristiana y la cercanía con la comunidad, sin los excesos tradicionales de los ritos pontificios.
“Ser velado como cualquier hijo de la Iglesia” fue la petición expresa de Francisco, quien pidió que las exequias fuesen lo más cercanas posible a las celebraciones funerarias comunes de los fieles. Los cambios, aprobados por el papa en abril de 2024, fueron incorporados al Ordo Exsequiarum Romani Pontificis y publicados meses después en el portal oficial del Vaticano. Según Vatican News, Francisco explicó que el rito renovado debía subrayar que las exequias de un papa son las de un pastor y discípulo de Cristo, no las de un hombre poderoso.
El primer cambio significativo fue la eliminación de los tres ataúdes, que en años anteriores se usaban para enterrar a los papas. El féretro del papa Francisco será colocado en un ataúd de zinc, que a su vez será introducido en uno de madera, simplificando el proceso que antes incluía ataúdes de ciprés, plomo y roble. En la capilla privada de la residencia de Santa Marta, donde el papa vivió durante su pontificado, se certificará su fallecimiento y el cuerpo será colocado en el féretro.
El cuerpo será trasladado directamente a la Basílica de San Pedro, sin pasar por el Palacio Apostólico, una de las modificaciones solicitadas por Francisco. El féretro será expuesto allí para que los fieles puedan rendir homenaje, pero ya no será elevado sobre un catafalco ni acompañado de símbolos papales como el báculo.
En cuanto al entierro, el papa había dejado claro su deseo de ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, un lugar que tiene un significado especial para él. «Como siempre le prometí a la Virgen, ya está preparado el lugar. Quiero ser enterrado en Santa María Mayor», expresó en una entrevista en años pasados. En este sentido, la última estación de su funeral será el traslado del féretro al sepulcro, en un acto solemne y respetuoso, pero alejado de cualquier ostentación.
El papa Francisco había expresado con anterioridad que hacer dos velatorios le parecía “excesivo” y prefería un solo velatorio, como el que se realiza en cualquier familia. Esto también refleja su visión de que el funeral debe ser un acto de fe y esperanza, más que un evento de lujo o pompa.
La tradición post mortem de un Papa: el martillo de plata y el anillo del pescador
Sin embargo, más allá de los cambios propuestos por el papa Francisco, existen rituales que se mantienen como parte de la tradición vaticana. Uno de los más curiosos es el llamado rito del martillo de plata. Esta tradición tiene lugar inmediatamente después del fallecimiento del Papa, cuando el camarlengo (el encargado de la administración de la Santa Sede) se aproxima al pontífice con un martillo de plata. El camarlengo da tres leves golpes en la cabeza del papa mientras lo llama por su nombre de pila. Esta antigua ceremonia tiene como objetivo confirmar oficialmente su muerte.
Aunque en la actualidad el acto se ha vuelto más simbólico que práctico, tiene una fuerte carga histórica. El martillo de plata ha sido utilizado desde tiempos antiguos para garantizar que el pontífice esté realmente fallecido antes de que se inicien los procedimientos para elegir a un nuevo papa. Se dice que el ritual desencadena una serie de protocolos, incluyendo la convocatoria del cónclave para la elección de su sucesor.
Otro rito que sigue siendo tradicional es la destrucción del Anillo del Pescador, el anillo que simboliza la autoridad papal. Este anillo, que ha sido una tradición papal desde el siglo XIII, es destruido tras la muerte del Papa para garantizar que no pueda ser utilizado de manera indebida. Sin embargo, el papa Francisco también hizo su propio cambio: al inicio de su pontificado, decidió que su anillo fuera hecho de plata dorada en lugar de oro, como lo habían hecho sus predecesores. El proceso de destrucción incluye rasgar el sello papal, golpearlo con un mazo sobre un bloque de plomo y luego guardar los pedazos en una bolsa de terciopelo que se entierra junto con el pontífice.
Con estos gestos, Francisco deja un legado no solo de enseñanzas espirituales y sociales, sino también de humildad y simplicidad. Su funeral será un reflejo de su visión de la Iglesia, que antepone la cercanía a Dios y a los fieles por encima de las pompas y ceremonias tradicionales.



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