Canciller Villavicencio abandona su visado tras revocatoria del visado presidencial

Rosa Yolanda Villavicencio, ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, anunció este lunes que renuncia voluntariamente a su visa de Estados Unidos. Según expresó en sus redes sociales, lo hace como un acto de “dignidad” en respuesta a la decisión de Washington de revocar el visado al presidente Gustavo Petro.

“Es un acto de dignidad frente a la inaceptable decisión de revocar el visado al Presidente de Colombia. Nuestra soberanía no se arrodilla. Colombia se respeta”, escribió la funcionaria en su cuenta de X.

Villavicencio es la primera integrante del gabinete que hace pública esta decisión, aunque no sería la primera figura del entorno presidencial que abandona su visa: ya lo había hecho Augusto Ocampo, secretario jurídico de la Casa de Nariño. 

La decisión se produce pocos días después de que el gobierno de Donald Trump, a través del Departamento de Estado, revocara el visado del presidente Petro luego de unas declaraciones realizadas durante una manifestación en Nueva York, en las cuales instó a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes. Washington calificó esas expresiones de “acciones imprudentes e incendiarias”.

La medida generó reacciones inmediatas en el ámbito diplomático y político. La Cancillería colombiana manifestó su rechazo al uso del visado como herramienta de presión política y aseguró que tal decisión vulnera la soberanía del país.

Algunos sectores políticos han comparado este tipo de respuestas con medidas simbólicas de diplomacia popular o resistencia frente a Estados Unidos, y advierten que podría marcar una nueva etapa de tensión bilateral.

Implicaciones políticas y simbólicas

  • Este gesto refuerza la narrativa del gobierno de Petro frente a EE. UU.: que decisiones diplomáticas no pueden recortarse a sanciones personales, sino que afectan las relaciones de Estado.
  • Villavicencio podría verse limitada para actuar en EE. UU., diplomáticamente hablando, dado que carecería del documento necesario para ingresar al país.
  • La medida implica un costo simbólico alto: una canciller tradicionalmente se mantiene como mediadora en crisis diplomáticas, pero renunciar a su visa coloca la tensión en un plano personal y político.
  • Podría incentivar a otros funcionarios o figuras afines al gobierno a manifestar solidaridad de formas similares, reforzando un frente político contra los mecanismos diplomáticos de sanción.

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