Bogotá, una ciudad sin silencio: más del 80 % supera los límites de ruido permitidos
Un estudio de la Universidad Nacional revela que solo el 0,3 % de las zonas residenciales en Bogotá cumplen la norma durante la noche. Los sectores más privilegiados concentran el poco silencio que queda en la capital.
En Bogotá, el ruido se ha convertido en un acompañante inseparable. Más persistente que el tráfico y más molesto que la lluvia, el estruendo urbano se cuela por las ventanas, atraviesa paredes y domina la rutina de millones de habitantes. Lo que antes era una molestia ocasional, hoy es una constante que afecta la salud y el bienestar de los ciudadanos.
Según un reciente estudio de la Universidad Nacional de Colombia, más del 80 % de la ciudad supera los niveles de ruido permitidos por la normatividad ambiental. En las noches, la situación es aún más crítica: apenas el 0,3 % de las zonas residenciales cumple con los límites legales, establecidos para garantizar el descanso y la calidad de vida.
El informe destaca que los pocos espacios donde el silencio aún resiste están ubicados en sectores de altos ingresos, especialmente en el norte de la ciudad, mientras que el sur y el occidente viven sumergidos en una sinfonía de motores, bocinas, parlantes y maquinaria.
Una contaminación invisible
A diferencia del humo o la basura, el ruido no se ve, pero afecta directamente el sistema nervioso, incrementa los niveles de estrés, altera el sueño y puede causar pérdida auditiva con el tiempo. Pese a esto, su impacto suele pasar desapercibido. “El ruido es una forma de contaminación invisible que hemos normalizado”, explica uno de los investigadores del estudio.
Las principales fuentes de ruido en Bogotá provienen del tráfico vehicular, el transporte público, la actividad comercial y las zonas de rumba, donde los parlantes invaden el espacio público hasta altas horas de la noche. A esto se suman obras civiles y establecimientos que no cumplen con las normas de insonorización.
Más quejas, más operativos
En los últimos meses, las autoridades distritales han intensificado los operativos de control frente a las quejas ciudadanas, especialmente en Chapinero, Teusaquillo y Suba, donde se concentran numerosos bares y discotecas. Sin embargo, las sanciones aún resultan insuficientes para frenar un problema que crece al ritmo de la ciudad.
Una ciudad que no duerme
Bogotá parece una discoteca permanente donde el volumen nunca baja. Y aunque algunos sectores disfrutan de un silencio privilegiado, la mayoría de los bogotanos convive con un ruido que erosiona su tranquilidad día tras día. El desafío ahora no solo es medir los decibeles, sino replantear la cultura del ruido y recuperar el derecho al silencio en la capital.
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