Caminar podría retrasar la progresión del Alzheimer: lo que revelan los últimos estudios

Un nuevo estudio ha dado más elementos para pensar que algo tan simple como caminar podría jugar un papel clave contra el Alzheimer, especialmente en personas cuya función cardíaca se encuentra preservada.

El estudio analizó a más de 8.500 pacientes de España e Italia que habían sufrido un infarto, pero cuyo corazón sigue funcionando con buena capacidad de bombeo (fracción de eyección del ventrículo izquierdo ≥ 40-50 %) y los dividió en dos grupos: quienes tomaron betabloqueantes y quienes no. Se le hizo seguimiento por aproximadamente 3,7 años. En este contexto, los betabloqueantes no redujeron significativamente el riesgo de muerte, otro infarto o hospitalización por falla cardíaca en quienes tenían buena función cardíaca. Pero más allá de eso, el estudio llamó la atención porque caminatas regulares y actividad física en general parecen asociarse con menor acumulación de placas amiloides, modulaciones beneficiosas, y preservación de memoria episódica.

Caminar en la mediana edad vs caminata tardía

Otra investigación reciente, publicada en 2023, encontró que comenzar a caminar con intensidad moderada-alta en la mediana edad tuvo una asociación positiva con mejor memoria episódica en la vejez, comparado con quienes caminan menos o lo hacen de forma ligera.

Este tipo de datos refuerza la idea de que la actividad física temprana (o al menos antes de la vejez avanzada) “prepara” al cerebro para resistir mejor los efectos degenerativos del Alzheimer, ralentizando deterioros cognitivos. 

Beneficios específicos para mujeres y memoria episódica

El estudio de caminata de intensidad comparada mostró que las mujeres que caminan con alta intensidad tienen mejor rendimiento en memoria episódica, un tipo de memoria que suele afectarse temprano en Alzheimer.

Además, en estudios como “Insight 46” (Reino Unido), se halló que quienes mantuvieron actividad física constante desde antes de los 50 años tienden a tener volúmenes del hipocampo (una región clave para la memoria) mayores ya en los 70 años, incluso si tienen marcadores de enfermedad de Alzheimer incipiente. 

Mecanismos biológicos que explican la protección cerebral

Caminar y ejercitarse parecen activar varios procesos protectores:

  • Mejora del flujo sanguíneo cerebral, lo cual suministra oxígeno y nutrientes esenciales.
  • Aumento del factor BDNF (“fertilizante cerebral”) que ayuda a generar nuevas neuronas y promover la plasticidad sináptica.
  • Disminución de inflamación cerebral, estrés oxidativo, que son factores relacionados con progresión de la enfermedad.
  • Reducción de la acumulación de proteínas tóxicas como la beta-amiloide.

¿Cómo incorporar caminatas reales y prácticas al estilo de vida?

No se trata de grandes esfuerzos extremos, sino de hábitos:

  • Caminar varios días a la semana, incluso si es moderado, ya ofrece beneficios.
  • Si puedes, intensifica un poco: caminatas largas, con ritmo cumplido.
  • Puedes combinar con otras actividades físicas: bicicleta, baile, actividades aeróbicas.
  • Integrar caminatas en rutinas diarias: bajarse del transporte un par de paradas antes, usar escaleras, caminar en parques.

El Alzheimer no tiene cura, pero los estudios recientes refuerzan la idea de que el estilo de vida sí tiene un impacto real en su progresión. Caminar no es solo moverse; puede ser una herramienta de resistencia frente al deterioro. Incorporarlo desde temprano, sobre todo si se tienen factores de riesgo, puede marcar diferencia.

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