¿Cuántos libros lee en promedio un colombiano y qué impacto tiene la FILBo?
Según la Cámara Colombiana del Libro, el 72% de la población colombiana afirma leer, mientras que el 28% no lo hace. Entre quienes leen, el 75% lo hace a través de libros, el 34% en redes sociales y el 38% en páginas web. Antioquia y el Eje Cafetero son las regiones con mayor índice de lectura, con un 88%, seguidas por el Centro Oriente con un 78% y Bogotá con un 77%.
De acuerdo con los datos, el 66% de los colombianos lee entre 1 y 5 libros al año, el 16% lee entre 6 y 10 libros, y el 12% lee entre 11 y 20. Sin embargo, durante los días de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), parece que en Colombia todos se convierten en lectores.
Las largas filas para firmas de libros, los pabellones llenos de personas y los autores ovacionados reflejan el entusiasmo de un país apasionado por la lectura. ¿Será la FILBo el evento que logre aumentar los índices de lectura en Colombia?
Cada año, más de 600,000 personas asisten a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), un evento que no solo promueve la lectura, sino que también impulsa el comercio y el entretenimiento. Sin embargo, para muchos colombianos, la compra de libros sigue siendo un gasto significativo. A esto se suma que, en diversas regiones del país, leer se percibe más como una obligación académica que como un placer personal, lo que dificulta atraer nuevos públicos. La creciente competencia de las redes sociales y el entretenimiento digital rápido también han ido desplazando el hábito de la lectura tradicional, representando un reto para fomentar este hábito a largo plazo.
En este contexto, la FILBo juega un papel esencial. No solo pone a los libros en el centro de la conversación nacional, sino que también facilita su acceso mediante descuentos, actividades gratuitas y espacios pensados para públicos de todas las edades. Durante las dos semanas que dura la feria, se lanzan nuevos libros, se realizan conversatorios, se abren bibliotecas móviles y se crean ambientes para que miles de personas, especialmente jóvenes y niños, tengan su primer acercamiento con un autor o con una historia impresa.
Sin embargo, la influencia de la feria es, en muchos casos, temporal. Pasada la emoción del evento, las estadísticas de lectura regresan a sus niveles habituales. Para transformar este entusiasmo en un hábito sostenido, Colombia necesita políticas públicas que acerquen el libro a las comunidades durante todo el año, programas de fomento a la lectura más allá del calendario escolar y, sobre todo, una visión cultural que entienda la lectura como parte esencial de la vida cotidiana.



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