La caída de ‘Los Paisas’: así operaba la banda detrás de una ola de homicidios en Soacha
Durante meses, los habitantes de la comuna 4 de Cazucá, en Soacha, Cundinamarca, vivieron bajo una misma sombra: una serie de asesinatos que se repetían con un patrón silencioso, casi siempre en las mismas zonas, casi siempre con la misma saña. Entre enero y septiembre de este año, esa racha macabra empezó a revelar un nombre que circulaba en murmullos de barrio: ‘Los Paisas’.
¿Cómo operó la banda?
Según la Fiscalía, esta estructura quería tomarse a la fuerza el control del narcomenudeo en Soacha. Y para hacerlo, recurrió a lo que mejor sabía: intimidar, expulsar y matar. De acuerdo con la investigación, por lo menos seis homicidios ya están acreditados y hay otros en revisión.
Las víctimas no solo eran rivales: también miembros de la misma banda que cayeron en ajustes internos, vecinos que se opusieron a su presencia y, en el hecho más brutal, un menor de edad retenido y atacado con machete y arma de fuego el 4 de septiembre.
El rompecabezas empezó a armarse con testimonios, seguimientos y pistas que llevaron a las autoridades a identificar quiénes movían los hilos en las calles. La madrugada de las capturas, la red cayó casi completa: ocho presuntos integrantes fueron detenidos en operativos simultáneos en Soacha.
Estos son los capturados
Sus nombres, ahora en manos de la justicia, son Juan Sebastián Chávez Vargas, Carlos Exneider Gutiérrez Sánchez, Jesús Andrés Rentería Arboleda, Nírida Zenaida Sánchez Rodríguez, Alexander Franco Oquendo, Luis Felipe Cataño Gil, Yobani Andrés Salazar Ortega y Michael Smith Hernández Bonilla. También fue aprehendido un adolescente de 17 años.
A todos los presentaron ante jueces de control de garantías. La Fiscalía les imputó cargos por concierto para delinquir; porte ilegal de armas; tráfico de estupefacientes; secuestro agravado y homicidio agravado. Ninguno aceptó los señalamientos. Los adultos terminaron con medida de aseguramiento en cárcel; el menor, en un centro especializado.
El caso, que empezó como una serie de muertes dispersas en los callejones de Cazucá, terminó destapando la operación de un grupo que pretendía dominar un territorio a punta de miedo. Su desarticulación no cierra las heridas de la comunidad, pero sí marca un punto de quiebre en una historia que, durante meses, se escribió entre amenazas, silencios y sangre.
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