Esto es lo que debe saber sobre la cifra de productividad del Dane y su influencia en salario mínimo
El DANE dio a conocer recientemente sus cifras sobre productividad: la productividad total de los factores (PTF) creció 0,91 % en el tercer trimestre. Además, la productividad laboral por hora trabajada registró un aumento de 0,57 %.
Estos indicadores no son solo números: son la base técnica que usan empleadores, trabajadores y gobierno para negociar el salario mínimo. Aunque el ajuste más visible del salario mínimo es por inflación, muchos economistas coinciden en que debería también reflejar lo que verdaderamente produce la economía: si un trabajador es más productivo, debería poder aspirar a un ingreso real más alto.
¿Qué significa “productividad” y por qué mide más que el salario?
La productividad laboral mide cuánta producción, bienes o servicios, genera una persona por cada hora o unidad de trabajo. Cuando esta eficiencia sube, la economía produce más con los mismos recursos. Eso permite:
• Más capacidad de pago de salarios sin sacrificar la competitividad.
• Más recursos para inversión: empresas con mayor productividad pueden reinvertir en tecnología, capacitación o expansión.
• Mejor remuneración real para los trabajadores, si esa productividad se traduce en salarios que no queden rezagados.
Los riesgos de desvincular salarios y productividad
Cuando los salarios suben sin que la productividad acompañe, pueden generarse tensiones en el mercado laboral:
• Costos laborales altos que algunas empresas, especialmente las pequeñas o jóvenes, podrían no soportar, reduciendo contratación o afectando competitividad.
• Mayor presión inflacionaria, si esos costos se trasladan a precios de bienes y servicios.
• Riesgo de desempleo o informalidad, ya que el salario mínimo terminaría siendo desproporcionado respecto al valor económico generado por un trabajador promedio.
Para que el salario mínimo cumpla su función, de proteger el ingreso de los trabajadores sin comprometer la economía y el empleo, conviene que:
• El ajuste incorpore no solo la inflación, sino también los aumentos de productividad.
• Las empresas inviertan en mejorar eficiencia, tecnología y capacitación, para que un salario más alto no termine siendo insostenible.
• Exista un equilibrio: incrementos salariales graduales y sostenidos, compatibles con la competitividad del país.
• La medición de productividad sea clara, realista y periódica, de modo que el diálogo salarial se base en datos consistentes y transparentes.
En resumen, la productividad no es solo una estadística técnica: es el engranaje que conecta lo que produce una economía —y un trabajador— con lo que puede pagar. Si se usa bien, puede ser la mejor garantía de que el salario mínimo aumente de forma justa, sostenible y eficaz. Si se ignora, el ajuste salarial puede perder sentido y generar desajustes en empleo, precios y competitividad.
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