Justicia para Keila, primer abusador sexual de animales enviado a prisión
En un hecho sin precedentes en la lucha contra el maltrato animal en Colombia, la Fiscalía General de la Nación logró que un juez dictara medida de aseguramiento en centro carcelario contra un hombre de 66 años, señalado de abusar sexualmente de animales en la localidad de Ciudad Bolívar. El caso, que ha generado conmoción nacional, representa un avance histórico en la aplicación de la Ley 1774 y la reciente Ley 2317 de 2023, conocida como “Ley Ángel”.
El agresor fue capturado en flagrancia luego de que vecinos del sector denunciaran comportamientos sospechosos. Según el reporte oficial, el hombre habría hurtado a Keila, una perrita de raza criolla, para someterla a actos sexuales. La comunidad, alertada por los gritos del animal, siguió al sospechoso hasta su vivienda, donde las autoridades encontraron a Keila en estado de shock y con signos evidentes de abuso.
La Fiscalía presentó pruebas contundentes, incluyendo imágenes del acusado y testimonios de testigos, que permitieron al juez tomar la decisión de enviarlo a prisión mientras avanza el proceso judicial.
Aplicación de la Ley Ángel, un precedente legal
Este caso marca la primera vez que se aplica la Ley Ángel en Bogotá, una norma que tipifica el abuso sexual contra animales como delito autónomo y establece penas de hasta 8 años de prisión. La senadora Andrea Padilla, impulsora de esta legislación, celebró la decisión judicial y destacó que “por primera vez, un abusador sexual de animales en Bogotá va a la cárcel”.
La Ley Ángel fue aprobada en 2023 como respuesta a múltiples casos de violencia sexual contra animales que quedaban impunes por vacíos legales. Esta norma fortalece el marco jurídico para proteger a los seres sintientes y castigar con severidad a quienes los agreden.
Estado de salud de Keila y atención veterinaria
Keila fue trasladada de inmediato a un centro veterinario, donde recibe atención especializada. Según los médicos, su estado es delicado, pero estable. La perrita se encuentra bajo el cuidado de una fundación animalista que ha asumido su recuperación física y emocional.
Activistas por los derechos de los animales han manifestado su apoyo y han exigido que se garantice justicia plena para Keila, así como protección para otras mascotas en situación de vulnerabilidad.
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