Una década de conservación y educación ambiental en el Eje Cafetero
El Bioparque Ukumarí, en Pereira, celebra diez años de existencia consolidándose como un modelo de conservación, bienestar animal y educación ambiental en Colombia. Nacido de la decisión de transformar el antiguo zoológico Matecaña en un espacio más ético y sostenible, Ukumarí se ha convertido en un santuario vivo que combina ciencia, pedagogía y compromiso social.
Desde su apertura, más de 3,3 millones de visitantes han recorrido sus senderos y aprendido con sus guías. Actualmente alberga más de 500 animales de 108 especies, muchos de ellos rescatados del tráfico ilegal, el maltrato o entregados voluntariamente. Aunque no pueden regresar a la vida silvestre, encuentran aquí un entorno de bienestar, atención veterinaria especializada y enriquecimiento ambiental.
“Ukumarí no reemplaza la selva, pero sí enseña a respetarla y amarla. En un país urbano que se desconecta cada día de la naturaleza, cada vida que cuidamos es una victoria y cada visita es una semilla que sensibiliza”, afirmó Raúl Murillo, gerente del bioparque.
El parque articula conservación ex situ e in situ con proyectos de investigación en flora nativa, monitoreo de especies sombrilla como el oso de anteojos, la danta de montaña y el jaguar, además de la recuperación de humedales estratégicos. Estos esfuerzos le valieron la acreditación de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA) desde 2022.
Su impacto también es social y económico. Genera 111 empleos directos, priorizando la contratación de población vulnerable, y dinamiza cadenas locales de proveedores. Además, su aporte al turismo ha sido determinante: en 2024, Risaralda escaló al cuarto puesto del Índice de Competitividad Turística Regional, siendo Ukumarí uno de los destinos más buscados por familias que encuentran allí accesibilidad, precios justos y una experiencia educativa.
De cara al futuro, el bioparque planea una bioregión amazónica en su interior, un hotel sostenible y tecnologías inmersivas como realidad aumentada, con el fin de multiplicar su impacto pedagógico.
En un contexto de crisis global de biodiversidad, Ukumarí representa un puente entre la ciencia y la ciudadanía, entre la empatía y la responsabilidad, recordando que la conservación también puede florecer en medio de la ciudad.



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