Alfredo Saade habla de “fuego interno” en la Casa de Nariño tras su salida del círculo cercano de Gustavo Petro
Esta semana será posesionado como embajador en Brasil, pese al ruido de una sanción disciplinaria en su contra.
El pastor cristiano Alfredo Saade no alcanzó a cumplir dos meses como jefe de Despacho de Gustavo Petro. Su salida del anillo de confianza del presidente se precipitó ante la inminencia de una sanción de tres meses por parte de la Procuraduría. Como alternativa, Petro decidió designarlo como embajador de Colombia en Brasil, un cargo que dejó vacante el exministro del Interior, Guillermo Rivera.
Aunque el movimiento le permitió mantenerse dentro del Gobierno, Saade dejó entrever su inconformidad. Si bien seguirá defendiendo la gestión de Petro “a capa y espada”, reconoce que su poder ya no será el mismo: no estará en Colombia ni tendrá contacto directo con el Palacio de Nariño.
“Fuego amigo” en la Casa de Nariño
El pasado 19 de agosto, Saade publicó un mensaje en sus redes sociales en el que señaló que enfrenta un “fuego interno” dentro de la Presidencia. “Como dice un amigo luego de ver el fuego interno en mi contra: ‘Los desleales felices en sus cargos y trabajando para que te saquen, Saade. Lo nunca visto. Nos va a pasar como en Bolivia’”, escribió.
Desde su llegada al alto gobierno, la figura del pastor generó resistencias. Funcionarios de la Casa de Nariño afirmaron que intentó imponer sus propias decisiones y asumió un manto de poder que no fue bien recibido. Entre los rumores se habló de diferencias con la directora del Dapre, Angie Rodríguez, y con el jefe de Comunicaciones, Augusto Cubides, aunque ambos negaron esas versiones. Saade incluso propuso la creación de una red social propia para el presidente Petro.
También se mencionaron tensiones con el ministro del Interior, Armando Benedetti. No obstante, el pastor sostuvo que mantiene una amistad de años con él. Sin embargo, su mensaje reciente sobre el funeral del senador Miguel Uribe Turbay fue interpretado por sectores políticos como un distanciamiento con el jefe de la política.
Pese a los cuestionamientos y a la sanción en primera instancia que podría imponer la Procuraduría, la designación de Saade como embajador en Brasil sigue en firme. Su rol en la diplomacia será observado con lupa, mientras al interior del Gobierno persiste la percepción de que su salida obedeció, más que a un trámite administrativo, a una pugna de poder en la Casa de Nariño.
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