Congreso aprueba en segundo debate la Ley 30 que busca salvar la educación superior en Colombia
El Senado de la RepĆŗblica aprobó en segundo debate el proyecto de Ley 212 de 2024, iniciativa que modifica los artĆculos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992, con el fin de garantizar mĆ”s recursos a las universidades pĆŗblicas y atender la crisis financiera que enfrenta la educación superior en Colombia.
La propuesta, de autorĆa de la representante a la CĆ”mara Jennifer Pedraza, plantea actualizar el modelo de financiación que desde hace mĆ”s de tres dĆ©cadas ha generado un dĆ©ficit estructural en el sistema educativo pĆŗblico.
El problema histórico de la financiación universitaria
SegĆŗn el Sistema Universitario Estatal (SUE), los costos operativos de las universidades pĆŗblicas crecen en promedio un 9% anual, mientras que el presupuesto base solo se ajusta con el Ćndice de Precios al Consumidor (IPC), que ronda el 4%.
Esto genera un dĆ©ficit estructural del 5% cada aƱo, agravado por el aumento de la matrĆcula: entre 2000 y 2022 la población estudiantil creció un 169%, pero la base presupuestal solo aumentó un 52% en tĆ©rminos reales.
La congresista Pedraza lo resume asĆ: āEl problema es simple: nuestras universidades gastan como si fuera 2025, pero la ley las financia como si fuera 1992ā.
¿Qué propone la reforma a la Ley 30?
El proyecto de Ley 212 de 2024 introduce tres cambios claves:
- Nuevo Ćndice de ajuste (ArtĆculo 86): el presupuesto base dejarĆ” de crecer con el IPC y lo harĆ” con el Ćndice de Costos de la Educación Superior (ICES), calculado por el DANE.
- Aumentar aportes de la Nación (ArtĆculo 87): el porcentaje de recursos adicionales se eleva del 30% al 70% del crecimiento real del PIB, creando un mecanismo mĆ”s estable.
- Base presupuestal para ITTU (ArtĆculo 86A): por primera vez se asignarĆ” a las Instituciones TĆ©cnicas, Tecnológicas y Universitarias una base equivalente al 0,05% del PIB del aƱo anterior.
Pedraza enfatiza que āincluir a las instituciones tĆ©cnicas y tecnológicas no es un gasto, es un acto de justicia. Atienden a 1 de cada 5 estudiantes pĆŗblicos, pero hoy sobreviven con migajasā.
Impacto fiscal y metas a largo plazo
La reforma no contempla nuevos impuestos, sino una redistribución progresiva de recursos alineada con el Plan Nacional de Desarrollo.
El impacto fiscal estimado entre 2027 y 2040 es de $18,7 billones de pesos constantes de 2024, con el objetivo de que Colombia invierta al menos el 1% del PIB en educación superior pĆŗblica, estĆ”ndar mĆnimo internacional.
La representante Pedraza recordó que esta propuesta no surge de un escritorio en BogotÔ, sino de las marchas estudiantiles de 2018, los diagnósticos de los rectores y las demandas históricas del sector educativo.
āNo estamos pidiendo un favor, estamos corrigiendo un error de voluntad polĆtica. Esta reforma es tĆ©cnica y estructural, no un parche temporalā, puntualizó.
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